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Hace un siglo, Rioja emergía tras superar la plaga

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Todo lo malo pasa, y las grandes epidemias no son una excepción. Esta es una de las grandes lecciones que dejó la plaga de la filoxera que a partir de 1899 arrasó con todo el viñedo riojano.

La de la filoxera es una historia contradictoria. Al principio, esta enfermedad causada por un pequeño insecto volador y sus voraces larvas resultó una bendición para nuestros viticultores: a medida que la plaga se iba comiendo las vides de Burdeos, los comerciantes franceses fueron a buscar vino a la zona que tenían más cerca, que no era otra que Rioja. En pocos años, alcanzamos una extensión vitícola de 80.000 hectáreas, superior a la actual. Por dar otra cifra, entre 1882 y 1885, el precio del hectolitro de vino de Rioja Alavesa pasó de 18 a 28 pesetas. 

 

Pero como no hay manera humana de impedir el vuelo de las moscas, la filoxera llegó irremediablemente a España. Aunque Rioja tuvo una afectación tardía, al final cayó. Las comarcas más vitícolas se hundieron; en Rioja Alavesa, por ejemplo, sólo quedaron sanas unas 300 hectáreas, y más del 20% de la población emigró. De todas maneras, los historiadores sostienen que la filoxera solo aceleró los cambios que estaban aconteciendo en el mundo rural del sur de Europa. Con ello, la plaga también acentuó las necesarias transformaciones, como la replantación, la tecnificación del sector vitivinícola y, en un sentido más amplio, la diversificación del campo riojano. En este sentido, a principios del siglo XX la industria conservera vivió su gran auge.

Hacia 1920, la reciente filoxera ya era pasado. La viña riojana encaraba el futuro con cepas y energías renovadas. La superfície vitícola volvía a crecer, mientras se consolidaba el liderazgo de un potente complejo eno-industrial formado por un puñado de grandes bodegas que aún hoy están en el mercado. El empuje de esas empresas fue clave para que em 1925 el gobierno español creara la Denominación de Origen Rioja. Solo un año más tarde José Murúa fundó su bodega, embrión de nuestro actual grupo, Muriel Wines.

Imagen de una cepa pre-filoxérica desecada que mantenemos en nuestra bodega de Conde de los Andes, en Ollauri (La Rioja)

 

 

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Marca Muriel Wines

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