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Presentamos el Capítulo II de Conde de los Andes

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Tenemos algo de Conde de los Andes que contar. Un lanzamiento muy especial. Una nueva ilusión. Una pequeña producción que realza el catálogo de vinos de nuestra histórica marca. Que nos conecta con el pasado, literalmente; no solo porque el vino ha madurado en calaos de los siglos XVI y XVII, sino también porque buena parte de las cepas de donde proceden sus uvas fueron plantadas nada menos que ¡en 1910!

Tras introducir en el mercado el Conde de los Andes Capítulo I. Malvasía, ya tenemos aquí el Capítulo II: nuestra Garnacha de las Viñas de Briñas, una de las más norteñas garnachas que se pueden hallar en la Península Ibérica. El vino es el fruto del tiempo, de un terreno excepcional y de una arrojada decisión enológica. Es enorme la satisfacción que sentimos al presentar en el mercado esta edición limitada de 1.162 botellas, tanto como el orgullo de estar contribuyendo de forma singular a una larga historia de vitivinicultura en este rincón agreste entre Rioja Alta y Rioja Alavesa.


Cómo es el Capítulo II. Garnacha

Nada mejor que las palabras que a nuestro nuevo vino dedica la periodista Amaya Cervera en la reciente actualización que su revista online, Spanish Wine Lover, ha publicado de la bodega Conde de los Andes: “Una garnacha de 2016 muy bien delineada en boca, que explora aspectos concretos de las viñas más viejas de Conde de los Andes, con el resultado de una vibrante acidez”.

Uno de los principales rasgos de este vino es la extraordinaria frescura que le aporta, precisamente, su alta y bien integrada acidez. La clave de esta característica cabe buscarla en la ubicación de las dos parcelas de viñedo, situadas a casi 600 metros de altitud, en la zona que conocemos como Viñas de Briñas. Es un valle bajo el risco de Peña Las Heces, en el macizo de la sierra de Toloño. Nuestras parcelas de viñedo forman la cabecera de este vallejo, justo en el linde con la ladera agreste. El entorno es de una singularidad y de una expresión fuera de lo común, a lo que se añaden unas vistas de gran impacto hacia el valle del Ebro.

La altura, el microclima, los suelos arcillo-calcáreos de gran aptitud para la vid, la elevada edad de las cepas y, fruto de ello, la profundidad de sus raíces… todo este conjunto de factores explica la intensidad aromática del vino —su floralidad y recuerdos de sotobosque— y su boca de gran frescura y armonía, con el final sutilmente goloso y equilibrado propio de las mejores garnachas.

Un gran vino con el que nuestra marca Conde de los Andes, alcanza nuevas cotas de identidad y afinidad con su origen.

Imágenes del entorno natural de la parcela de garnacha plantada en 1910 en la zona que conocemos como Viñas de Briñas.

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Marca Muriel Wines

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