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Un cocodrilo en el paisaje

Un cocodrilo en el paisaje

Eterno panorama de montañas

Un cocodrilo larguirucho duerme tendido a lo largo de un espacio anchísimo, al otro lado del valle. Apoya la cabeza en el suelo en dirección a poniente, mientras la cola se extiende hacia el lado opuesto, inacabable, cubierta de escamas y protuberancias como un dragón. La imagen nos recuerda a una ilustración infantil, a un animal mitológico, a un libro de monstruos fieros e ingenuos.

Cada vez que subimos a Viña Muriel, en el paraje de El Gallo, en Elciego, miramos hacia esa enorme bestia acostada. Hay días, sobre todo en otoño e invierno, en que la niebla no nos deja divisarla; pero cuando sobre el oeste de la Península Ibérica se posa un potente anticiclón, como ha ocurrido durante buena parte de este pasado mes de febrero, la percibimos nítidamente y a poco que nos fijemos, observamos la rugosidad, las estrías y los granos sobre la piel de ese cuerpo colosal que reposa a lo lejos.

En algunos momentos, la Sierra de la Demanda también nos recuerda a un decorado de película. Su perfil dibujado contra el cielo azul del mediodía, sus formas azuladas, la perfección de la silueta del monte San Lorenzo, de cima tan canónicamente piramidal, que con la nieve de invierno va cambiando de luz al ritmo del movimiento del sol.

Llevamos la visión de la cordillera metida en la retina desde la infancia. La tenemos tan asumida y tan vista desde los viñedos o a través del parabrisas del coche en cualquier trayecto por Rioja Alavesa y Rioja Alta, que a veces llega a perder incluso su categoría de paisaje. Ya lo dice el filósofo Alain Roger, que los agricultores están tan absortos en las labores de su territorio que son los últimos en darse cuenta de los valores paisajísticos del lugar. Hasta que de sopetón, con la exclamación de un visitante o el grito de admiración de un cliente que viene a conocer nuestra zona, recuperamos el asombro y el placer estético. Y entonces volvemos a mirar los montes que cierran por el sur el valle del Ebro con interés, con detalle y con ganas de compartirlos. Nunca hay que perder la ocasión de darnos cuenta del privilegio que supone tener ante los ojos y tras las vides uno de los paisajes más bellos que podamos soñar.

Un cocodrilo en el paisaje